¿Y QUÉ TAL DE AMORES?

Siguiendo con la tradición de todos los veranos de mi vida, siempre que puedo, me escapo al pueblo. Y aunque el calor tórrido de la llanura manchega no tiene nada que envidiarle al infierno de asfalto de Madrid, al menos allí, puedo disfrutar del lujo de la piscina comunitaria, y de tubos de cerveza en jarra helada, gastándome 2 euros como máximo.

Así que salgo todo lo que puedo, y siempre me acabo encontrando con conocidos a los que veo de año en año, y con los que la conversación es prácticamente la misma:

        – ¡¿Cómo te va todo?! ¿Y de amores qué tal?

A lo que desde que tengo uso de razón, siempre contesto: todo bien, y de amores nada que contar. La respuesta del interlocutor suele ser alguna frase condescendiente tipo: bueno… no te preocupes, ya llegará… Y demás estupideces por el estilo. Tras lo que empieza la descripción de todas y cada una de sus conquistas, “amores”, o crush, que ha vivido desde el verano anterior. Nada destacable. Nada interesante que contar. Ni siquiera se acuerdan de los nombres de las mismas historias que me contaron el año anterior. Algunas, incluso llegando a presentar a sus padres.

Y yo me pregunto: ¿tan rara soy? No tengo ni puta idea de lo que es el amor romántico, pero creo que una pareja, alguien con quien quieres compartir tu vida, un compañero, es alguien que llega y te complementa; no es algo que se busca descartando todas las cartas de una baraja, o los posibles pretendientes de una aplicación con los que hayas hecho “match”. Y pienso en todos esos esfuerzos en vano, de citas insulsas y conversaciones superfluas, entre personas que se esfuerzan por encajar porque consideran que ya tienen la edad suficiente como para asentar cabeza. O que quieren tener hijos antes de los 30, a pesar de que no les gusten los niños. Y ya no sé, si es porque parece estar socialmente establecido, o por el absoluto miedo a la soledad por no tener pareja.

No puedo dejar de pensar el tiempo de sus vidas que han perdido, intentando encajar piezas incompatibles en un puzle imaginario, en lugar de invertir su tiempo en hacer algo más productivo. Masturbarse incluido. Conozco chicas que rozan la treintena, y cuando hablamos de sexo, definen el orgasmo como algo que les da gustito, porque las únicas lecciones sexuales que han tenido han sido con un único chico, sin saber nada sobre sí mismas, ni habérselo planteado siquiera.

No entiendo los patrones que veo repetidos de vacaciones en Roma, o en la playa, con fotos sonrientes, y discusiones constantes, por cosas tan estúpidas como la desgana con la que posa él para la foto; o vacaciones de ensueño en un destino carísimo con los que intentan remediar años de relación en los que nunca se han sincerado el uno con el otro, sin saber cómo son realmente, o cuáles son las necesidades del otro, porque no se han parado a preguntar, y han preferido vivir con una persona que han idealizado y moldeado en sus cabezas, en base a sus deseos imaginarios, en lugar de convivir con una persona real, a la que no conocen en absoluto.

Así que sí. Para todos los que me pregunten de nuevo este año:

             – Sí, qué pena… De amores mal, otro verano más que me quedo sin ir a Roma.

ceeterisparibus

You May Also Like

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Abrir la barra de herramientas