VIAJE A INDONESIA

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Me está costando adaptarme al asfalto y las sirenas. Al ruído, los zapatos, y la rutina de caras largas en lugar de sonrisas permanentes y los “good morning miss” cada mañana. Aún tengo el cuerpo dolorido de los golpes de las olas, y los pies llenos de cicatrices por andar descalza. Siento que aquí me falta el aire, y aunque viva en una ciudad liberal,  ahora sé que ninguno de nosotros somos realmente libres. 

He perdido el miedo a las olas, y le he tomado más respeto al mar que nunca. He podido disfrutar de un cielo limpio lleno de estrellas, y andar por islas vírgenes sin población ni residuos. He pasado horas en el agua observando un pez loro bicolor maravillada, hasta que me ha dolido todo el cuerpo de frío. He nadado feliz al lado de una tortuga y de una manta raya en su hábitat natural, y me ha dado muchísima pena ver cómo estamos destruyendo nuestro planeta, con lo grandiosa que es su naturaleza.

He encontrado la paz en un barco, en la otra parte del mundo, sin internet ni poder estar en contacto con nadie, que no fuera una tripulación maravillosa, viendo el pasar de las olas, y de pequeñas islas llenas de vegetación en mitad de la nada, con la mente completamente en blanco y la brisa del mar en la cara.

He visto cómo un pueblo celebraba el final del ramadán abrazando y saludando con alegría a un montón de extranjeros blancos, que no compartían ni su religión ni su idioma, y los invitaban a entrar en sus casas.

He reaprendido que gente es buena por naturaleza. Y si pierdes una cartera con un millón de rupias en efectivo, cuando el salario medio de una familia entera al día es de cincuenta mil, te la devuelven con una sonrisa en la cara sin pedir nada a cambio. Y solidaria. No miden lo que dan en base a lo que se pueda permitir comprar el otro, sino en lo que puedan compartir entre todos.

Nadie se burla, ni critica, ni importa en absoluto el físico, la edad, nacionalidad o cómo vayas vestido. Sólo cómo seas de amable como persona y el halo de bondad que te envuelva. He visto más empatía en un día, que la que he podido sentir a lo largo de toda mi vida en España, y he estado en una isla en la que conviven 3 religiones distintas, con el mayor de los respetos. Y sí, musulmana incluída.

He visto niños muy felices jugando con una rueda y un palo, y he conocido a un hombre que se sentía completo sin una casa, viviendo literalmente en la playa. He conocido personas sin nada, que no se lamentaban, sino que estaban agradecidas, y me han preguntado de qué vale preocuparse. Personas adultas me han preguntado a qué me gusta jugar, y no he sabido responder. Yo ya no juego. Y me he sentido ridícula al darme cuenta de todo tiempo libre que he perdido, en observar la vida de los otros en Instagram, en lugar de con pasatiempos para la mía.

He despreciado con vergüenza la personalidad autoritaria y de superioridad, de los turistas hacia los locales, por el poder que les daba el dinero de más ante la completa necesidad.

He paseado sola entre perros salvajes hambrientos y no he sentido miedo. Simplemente me acompañaban en silencio, y descansaban a mi lado cuando yo me paraba para hacer una foto. He podido ver con mis propios ojos cómo los animales son buenos por naturaleza, y es el ser humano quien los corrompe y los anula. Ahora sólo me dan miedo los perros domésticos malcriados que han hecho del apartamento en el que viven su reino.

He aprendido más de geografía e historia, durante 4 días en un barco, que a lo largo de toda mi educación secundaria obligatoria. He sentido vergüenza al saber el número real de refugiados a los que está dando asilo Alemania, y el número de proyectos de ayuda de reinserción social que está llevando a cabo Holanda en Indonesia, intentando reparar parte del daño de los errores que cometieron sus países en el pasado, con el colonialismo y el nazismo de la Segunda Guerra mundial, y mi completo silencio cuando me preguntaron qué planes estaba llevando a cabo España.

Me he sentido arropada por completos desconocidos que se han hecho amigos, con la misma hambre de aventuras, de viajes, y de conocimientos de los que tengo yo, y por los que siento una admiración increíble, y me he reencontrado con la naturaleza nómada de las personas.

He vivido cada día sin los horarios convencionales, sino en base a la luz del sol, y los gallos como despertador, y me he sentido más guapa que nunca sin poder mirarme en el espejo durante una semana.

Y si esto sólo han sido 3 semanas, en un país que ya vive por y para el turismo, me muero de ganas por descubrir qué me deparará el resto del mundo. 

* * *

I’m having a hard time adapting to the asphalt and the sirens. To the noise, the shoes and the long faces routine instead of permanent smiles and the “good morning Miss” every morning. I still have my body aching from the blows of the waves, and my feet are full of scars for walking barefoot.  I feel like I have no air and although I live in a liberal city, now I know that none of us are really free.

I’ve lost the fear of the waves, and I’ve taken more respect to the sea than ever. I’ve been able to enjoy a clean sky full of stars and walk through virgin islands without population or waste. I’ve spent hours marveled in the water watching a bicolor parrotfish until my body was sore from the cold. I’ve swum happily by the side of a turtle and a manta ray in its natural habitat, and it has given me great pain to see how we are destroying our planet, with how great its nature is.

I found peace on a boat, in the other part of the world, without internet or being able to be in contact with anyone other than a wonderful crew, watching the waves pass and small islands full of vegetation in the middle of nowhere with the mind completely blank and the sea breeze on the face.

I’ve seen the people of a little town celebrating the end of Ramadan embracing and greeted with joy a bunch of white foreigners who didn´t share their religion or language and invited them into their own homes.

I have relearned that people are good by nature and if you lose a wallet with a million rupees in cash, when the average salary of a whole family per day is fifty thousand, they give it back to you with a smile on their face without asking for anything in return. And solidarity. They don’t measure what they give based on what the others can afford to buy, just on what they can share each other.

No one mocks, criticizes, or cares at all about the physique, age, nationality or how you dress. Just how kind you are as a person and the halo of goodness that envelops you. I have seen more empathy in a day, than I have felt throughout my life in Spain, and I have been on an island where three different religions coexist, with the greatest respect. And yes, Muslim included.

I have seen very happy children playing with a wheel and a stick, and I have met a man who felt complete without a house, living literally on the beach. I have met people with nothing, who did not complain, but were grateful, and asked me what to worry about. Adult people have asked me what I like to play, and I have not been able to respond. I don´t play anymore. And I have felt ridiculous to realize all the free time I have lost, to observe the lives of others on Instagram, rather than with hobbies for mine.

I have shamelessly despised the authoritarian personality and superiority of the tourists towards the local people, for the power that gave their excess money against the complete necessity.

I have walked alone among hungry wild dogs and I haven’t felt fear. They simply accompanied me all the way in silence, and they rested at my side when I stopped to take a picture. I have seen with my own eyes how animals are good by nature, and it is the human being who corrupts and annuls them. Now I am only afraid of the spoiled domestic dogs that have made the apartment in which they live their kingdom.

I learned more about geography and history in 4 days on a boat, than throughout my compulsory secondary education. I have been embarrassed to know the actual number of refugees to which Germany is giving asylum, and the number of social reintegration assistance projects being carried out by the Netherlands in Indonesia, trying to repair some of the damage done by their countries in the past, with the colonialism and Nazism of the Second World War, and my complete silence when they asked me what plans Spain was taking.

I have felt clothed with complete strangers who have become friends, with the same hunger for adventure, travel and knowledge that I have, and for whom I feel an incredible admiration. I have rediscovered with the nomadic nature of people.

I’ve lived every day without the conventional hours but based on the sunlight, and the roosters as an alarm clock, and I’ve felt more beautiful than ever without being able to look at me in the mirror for a week.

And if this has only been 3 weeks, in a country that already lives by and for tourism, I’m dying to find out what the rest of the world will bring to me.

* * *

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Texto y fotografías por: @ceeterisparibus

Traducción: @nancy_roxana23

 

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