Sentirse en casa

Ahora que vivo en California. Que conduzco cada día mi propio Chevy, con la música a todo volumen. Y pedaleo mi bicicleta de paseo, con cestita delantera, por los barrios residenciales llenos de palmeras, y lujosas casas con vallita blanca. 

Ahora que hay siempre flores naturales adornando la mesa. Y en menos de una hora puedo estar sentada en la playa.

Ahora que nunca dejo de llevar gafas de sol y chanclas. Y que los dueños de los Golden Retriever me saludan por las mañanas.

Ahora que disfruto paseando sola por mi barrio haciéndole fotos a las flores, mientras escucho los pájaros. Y siempre hay fresas y vino blanco en la nevera.

Ahora que puedo ir a comer a muchos de los sitios que veía en Munchies, desde España, y disfruto de cada bocado como una auténtica fanática; me falta una lata de cerveza Mahou, con mis amigos y caras conocidas, en la puerta de la Vía Láctea.

Ahora que me siento libre y fuerte. Con mis rutinas, mis amigos, sin necesidad de usar GPS, echo más de menos Madrid que nunca.

Porque no es fácil ser inmigrante en USA. Y siento una claustrofobia asfixiante cada vez que me viene a la mente que si traspaso la frontera, este país no me dejaría volver a entrar. Y el saber que voy a estar años sin ver a mi gente, pesa.

Pero la semana pasada volví a sentirme en casa. Fui al concierto de Hinds en Santa Cruz

Esta vez conduciendo mi propio coche, en lugar del metro. Y hablando sobre ellas con gente en la sala, súper emocionada, en un idioma que no es el mío. Bebiendo cerveza en vaso, no en botellín. Y muy cerca de la barra, porque era donde la zona de bebidas alcohólicas, estaba acotada. 

Sonaron los Nastys mientras preparaban el escenario antes de que Goodbye Honolulu salieran a comerse el mundo. Sin que pudiese dejar de girarme todo el tiempo, por si de repente aparecía alguien que conociera.

Y entonces, salieron ellas. Y sonreí tanto que al día siguiente me dolía aún la cara. Porque a pesar de no haber hablado nunca con ellas, me sentí en casa. Y que todos los amigos que compartimos estaban allí también. Arropándome en una sala abarrotada de caras nuevas. Podía sentir que estaban cerca, aunque no los viera. 

Y ellas estuvieron increíbles. Con nuevo EP, nueva gira mundial, y unos fans que enseñaban los tatuajes con su nombre, escrito para siempre, con tinta en el brazo. Chicas llorando emocionadas, y gente saltando desde el escenario. 

Gracias por ser tan majas. Por hacerme sentir en casa. Y subir lo que echo de menos de Madrid al escenario.

Ojalá bañarme yo también en la piscina de Selena Gómez. 

Por el momento, el libro que escribí se sigue titulando que quiero ser como ella. Aunque nunca lo sepa.

Ojalá la música vuelva a traeros a California para que os vea.

VIVA HINDS

ADE HINDS

ANA HINDS

CARLOTTA HINDS

HINDS

ceeterisparibus

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