Los Nastys en París

 

los nastys

 

  Llevaban ya de gira una semana cuando me encontré con ellos en París. Se estaban quedando en casa de Audrey, donde al final acabé alojándome yo también, muchos colchones en un solo cuarto, muchas resacas de las que recuperarse y pocas horas de sueño. El resumen de 3 días muy locos.

         Empezó el martes; tocaban en La Mécanique Ondulatoire, un sitio que molaba mucho, de tres plantas con una sala para fumar que olía como el infierno. Nos refugiamos en el Backstage, donde había bastantes cervezas fresquitas, y montañas de comida china, que al final ya nadie quería y como nos daba vergüenza dejarla ahí en medio la escondimos como pudimos en la basura.

Llegaron tres chicos americanos, los Wooden Indian Burial Ground, que eran los teloneros. Al principio no hablamos mucho con ellos, todo fue después con un poco de ron de por medio.

Bajamos en seguida, iban a tocar ya Los Nastys. Había bastante gente, casi todo franceses, y estaba Davit Ruiz también por ahí. El concierto fue muy loco, Luis se subió la cámara de video al escenario, se la metió en la boca y después empezó a grabar al público. Fran en un momento dado se tiró para atrás haciendose el muerto y Enrique lo rescató, esto no lo recuerdo muy bien, pero hay una foto que lo demuestra. Terminó el concierto y todo el mundo subió al backstage. Como buenos españoles hicimos botellón con nuestro propio ron comprado en un supermercado francés, que más tarde descubrimos que era ron para cocinar. Muchas copas después la Mécanique Ondulatoire cerró y tuvimos que salir a la calle, hubo varios intentos de continuar la fiesta, pero acabaron en nada.

De vuelta a casa cogimos el mejor taxi del mundo. El taxista era un negro, que escuchaba reggae y hablamos de Peter Tosh y Bob Marley con él, fue díficil encontrar la casa, los números saltaban del 2 al 300, pero al final llegamos.

         Al día siguiente comimos pasta y nos dirigimos al centro, al barrio de Le Marais. Allí fuimos a todas las tiendas de segunda mano ininmaginables y compramos muchos pañuelos, que era lo más barato. Realmente nos pasamos horas metidos en tiendas, y probandonos cosas, eran gigantes, aunque algunas olían a pie, y era difícil abrise paso entre tanta gente y tanto caos. Esa noche compramos 6 botellas de vino, que nos abrieron en el mismo Carrefour y fuimos caminando por todo el Sena. Venían también Lucas y Beata. Lo más divertido era saltarse los semáforos y correr con todas nuestras fuerzas. Llegamos hasta la Torre Eiffel donde conseguimos que nos rebajasen una botella de vino de 15 euros a 5. De repente ya eran las 11 y había que volver a casa. En el metro nos intentamos hacer una foto en el fotomatón, éramos 8 personas, hicimos mil equilibrios y nos reímos muchísimo, aunque al final la máquina decidió sacar solo 3 caras de las 8 que estábamos ahí metidas. Esa noche nos dormimos viendo vídeos de monos borrachos y peligrosos.

         El jueves por la mañana fuimos al cementerio de Père Lachaise, con más vino otra vez, y estuvimos 3 horas dando vueltas, mirando atentamente las distintas tumbas, algunas nos impresionaron bastante. Pasamos al lado de unos familiares que estaban repartiendo cenizas por el suelo y fue un poco extraño, también porque, de nuevo, empezábamos a ir borrachos. Esa noche Los Nastys daban un concierto acústico en el bar de debajo de casa de Audrey, Le Mange Disc. El concierto fue muy bonito y muy feliz. Había mucha gente y todo el mundo sonreía. Estuvo muy bien. Enrique fue el encargado de pasar la gorra y la gente dejó billetes. Estuvimos un rato más allí, bebiendo y fumando y Fran, Enrique y yo decidimos que esa noche queríamos salir, aunque fuera un poco.

         La casa estaba como a 30 minutos en metro del centro, compramos más vino y nos fuimos hacia République. Lo que vimos allí no nos convenció, era muy amplio todo y parecía que para encontrar algún sitio tendríamos que caminar mucho y preguntar mucho. Así que pillamos un taxi y fuimos a La Mécanique Ondulatoire, nada más bajar nos encontramos al técnico de sonido que nos invitó a muchas cervezas y chupitos de Jagger. A partir de ahí la noche empezó a ser difusa. En algún momento cogimos otro taxi de vuelta a casa.  Al día siguiente me levanté con la peor resaca de mi vida, y fui al aeropuerto como pude a coger mi avión. La aventura había terminado.

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