EMPEZAR EL AÑO CON UNA ETS

Estoy sentada en la sala de espera de uno de los centros Planned Parenhood que quedan. Esos centros de salud en los que invirtió Obama, en pro de la sanidad de los inmigrantes y personas con menos recursos en Estados Unidos, dentro de lo que se consideró el Obama Care, y que está aboliendo el nuevo gobierno.

Yo soy una de esas personas con pocos recursos. Y un seguro médico que me cubre un hueso roto por haber estado esquiando con la familia millonaria para la que trabajo; pero no una consulta en la que no sabes si tienes una ETS, mientras estás con fiebre, llorando y sintiéndote miserable, tras más de media hora conduciendo bajo la lluvia, llorando desatada sin poder parar. Mientras en la radio no dejaban de poner canciones de Blink 182, y sabiendo lo excesivamente dramática que parecía la situación. Digna de verdad de película americana.

Tardé diez minutos en serenarme antes de salir del coche porque no quería montar ningún espectáculo al entrar, y menos sabiendo que dentro de ese hospital, habría personas con problemas bastantes más graves que yo.

En la televisión de la sala de espera, están poniendo Jorge el Curioso en inglés. Y todas las mujeres son latinas y llevan mallas, mientras no quitan los ojos de las pantallas de sus teléfonos móviles. Yo estoy leyendo el primer libro de Harry Potter a la espera de que me digan si empiezo el año con herpes vaginal sin haber tenido siquiera sexo completo. Sin penetración, me refiero.

Tras tres años sin sexo, porque por circunstancias de la vida no se había dado el caso. Y tras haber perdido por completo mi confianza sexual, en la que no me sentía en absoluto deseable, y pensar en desnudarme delante de alguien me daba casi la misma vergüenza que cuando era una virgen adolescente. A lo que hay que sumarle que mi vida en California, no tiene mucho que ver con el sueño americano que nos venden en las películas. O al menos, no desde luego, para los que somos inmigrantes, con un sueldo irrisorio, viviendo en Silicon Valley.

Trabajo 45 horas semanales cobrando una miseria, cuidando de unos niños rubios preciosos, con la fuerza de una madre soltera, disfrutando mucho de ellos, pero sin que esos niños sean en absoluto los míos. Los llevo al colegio, actividades, cuentacuentos todos los miércoles por la mañana, donde todas las madres cantan entusiasmadas. Subiéndolos y bajándolos de sus sillitas para el coche, cargando con la bolsa de pañales, y un bebé que pesa un quintal. Con el añadido de que conmigo no tienen permitidos azúcar, Tablets o televisión, y para cuando llegue el padre de trabajar, tiene que estar todo perfectamente recogido.

Así que cuando llega el fin de semana, con una escasa vida social, en la que el resto de niñeras como tú, suelen gastarse el dinero en ropa y comida basura en el Mall. En copas en clubs donde buscan futuro marido americano para conseguir la Green Card. O prefieren ocupar su tiempo libre yendo a misa, o simplemente quedar para ver juntas la tele, inflándose a chocolatinas; no tengo muchos planes. Y cuando surge la ocasión de poder tomar un par de copas de vino, con gente interesante, y que me da conversación, tengo que hacer nota mental del presupuesto. Porque viviendo en un barrio residencial, en el que sólo ves pasear alguna ve a alguna pareja de ancianos, que salen a andar por la mañana, no hay nada más que hacer. Así que necesito conducir para ir a todas partes.

El presupuesto mental es más o menos el siguiente: El de media de unos 9$ la copa de vino, más unos 13-16$ el Uber solo de ida. Así que el resultado de dos copas de vino un viernes por la noche, cuando mi mente no da para aguantar en casa un solo grito o lloro más,  me saldría alrededor de 50$. Muchas veces no me merece la pena.

Sumando todo eso. Y que mi vida gire en torno a planes infantiles, parques y juegos. Y me pase el día cambiando pañales, en mallas, con camisetas que no me importa que se rompan, o se manchen de cualquier cosa posible; me fui a una fiesta en un club en Año Nuevo por todo lo alto. Con un vestido transparente, y pestañas postizas. Jamás me había sentido tan sexy. Me sentía mujer y me sentía independiente. No criada sin identidad aparente.

Además veía como la gente me miraba al caminar por el hotel, y me sentí más poderosa de lo que me había sentido nunca.

Tras las felicitaciones por el nuevo año, dentro del club a las 12:05 ya estaba bailando con un mulato afroamericano guapísimo que me llamaba Baby al oído. Los chicos afroamericanos siempre habían sido una de mis fantasías, así que estaba viviendo un sueño. Además esa noche, no dormía en casa y podría hacer lo que quisiera sin tener que darle explicaciones a nadie. Estaba desatada y lo necesitaba.

A los 5 minutos estábamos en su habitación. A los 10 intentó grabarme con su móvil sin mi consentimiento. Y a los 15 intentó metérmela sin condón, a lo que tras empujarle con todas mis fuerzas, me dijo que no me preocupara, que me pagaba la píldora del día después. Me vestí cabreada, y muy digna salí del hotel.

Una mala experiencia más con el sexo opuesto, cuando me hace gracia que siempre que les pregunto a mis amigas qué tal con un tío que solo conocen de una noche, siempre me dicen que bien. Pero que no me dejó en absoluto huella. Como si ya hubiera interiorizado, que ese tipo de comportamientos por parte del sexo opuesto, formasen parte de la “normalidad”. Algo a lo que ya no le das importancia, ni denuncias, pensando que es otro gilipollas más.

ets

Así que ahí estaba yo. Sentada en una sala de espera después de una semana, tras rellenar un cuestionario en el que tienes que marcar con una equis, si la razón de tu consulta es embarazo, píldora del día después, VIH, escozor al orinar, o llagas en la zona vaginal. Marqué las dos últimas, respirando hondo; y al fin me llamaron.

Tras muchas preguntas, sobre mi vida personal, que dolieron casi lo mismo que la infección; me advirtieron que habían hablado con mi seguro y no me cubría ni la consulta ni las pruebas. Por lo que antes de bajarme las bragas, tenía que decidir si estaba dispuesta a pagar 200$ sólo porque me mirasen la vagina llena de llagas supurando. Aunque estaba concentrándome muy fuerte en respirar y no montar drama, volví a echarme a llorar sin poder parar, diciéndoles que lo que fuera, que necesitaba poner fin a ese dolor insoportable y necesitaba saber lo que era.

Las dos mujeres se miraron, se disculparon, y me dijeron que volverían en un minuto. Mientras podía ir desnudándome. Así que ahí estaba yo, sin apenas poder moverme y sin poder dejar de llorar con las piernas abiertas sobre la camilla, mirado al techo. Volvieron a entrar y me dijeron que solo me costaría 20$. No sé lo que hicieron, pero creo que les di muchísima pena, y me ayudaron. Nunca les estaré lo suficientemente agradecida por ello.

Tras ver el estado por ellas mismas, y pasar un bastoncillo por todas mis llagas abiertas, me dijeron que en 2 semanas tendrían los resultados definitivos. Pero que sí. Tenía razón, tenía toda la pinta de ser herpes. Era primera vez que buscaba mis síntomas en Google y lo que aparecía en imágenes era menos asqueroso de lo que yo misma estaba sufriendo en mis carnes.

herpes vaginal

Me recetaron antibiótico para 10 días y una pomada. Fui a recogerlos a la farmacia, y tras gastarme 75$, la farmacéutica me estuvo explicando al oído cómo tenía que seguir el tratamiento. Aconsejándome encarecidamente que me comprase unos guantes de látex porque aunque yo no lo supiera todavía, habría más ampollas infectadas creciendo dentro de mi vagina y de mi ano, donde tendría que aplicar la pomada. Se despidió deseándome mucha suerte, mirándome con cara de pena.

Fue una semana jodidamente dura. En la que literalmente lloraba cada vez que me bajaba las bragas al tener que hacer pis, porque tenía todas las ampollas supurando. Y tenía que trabajar. Y no trabajar en casa, en la que ya había encontrado mi zona de confort, sentada en un cojín enorme, leyendo cuentos, mientras abrazaba muy fuerte a un peluche enorme de Olaf, buscando consuelo, aunque ni siquiera haya visto Frozen. La familia se iba de vacaciones a esquiar, y yo me tenía que ir con ellos. Empezando por 4 horas de viaje, sentada sobre una herida enorme abierta, y una vagina tan inflamada que estaba deforme y dura como una piedra. Mientras el bebé no dejaba de dar patadas y llorar como loco porque quería atenciones.

Me pasé la semana aprovechando sus siestas, para darme baños de agua caliente, casi hirviendo, y echarme la pomada, que era pura y dura anestesia. Era lo único que me calmaba. Mientras de cara a los demás fingía que no me pasaba nada.

La última mañana, mientras la familia al completo esquiaba, tuve que cargar con el enorme bebé en brazos por toda la montaña nevada abajo, hasta coger el telesilla de vuelta al hotel, porque estaba cansado. A penas podía andar. Pero no sé cómo saqué fuerzas de flaqueza para hacerlo, sin echarme a llorar de nuevo. Esa misma mañana vi una ilustración “feminista”, en la que salía una chica desnuda, poniéndole el coño en la cara a un chico. Casi vomito. Sólo quería que alguien me amputase la vagina y ser uno de los Inmaculados de Juego de Tronos.

Al final pasó todo. Y sorprendentemente mi cuerpo volvió a la normalidad, sin poder creerme que ya no estuviese deforme. Sin dejar marca. Volviendo la esperanza de que el resultado del análisis fuese negativo.

El mismo día que terminé el antibiótico, llegó a mi nombre una carta muy discreta. Sin remitente ni ningún distintivo de nada. Simplemente mi nombre. Nada más abrirla me topé con el papel en el que me explican cómo se contagia, cómo funciona, y cómo convivir con el herpes. En la segunda página, que obviamente, el resultado había sido positivo, junto con un teléfono de contacto al que podía llamar en cualquier momento, recordándome que no estaba sola; y el de un grupo de apoyo por si quería acudir a las charlas.

Ahora tengo que convivir con una ETS, que estará en mi cuerpo latente para siempre. Y que puede dar un brote de nuevo, sin previo aviso, en cualquier momento. O no volver a aparecer nunca más. Pero debo informar a cualquier pareja sexual, en un futuro, de que padezco herpes. Por prevención y solidaridad. Aunque no sea seguro que esa persona se pueda llegar a contagiar (aunque haya muchísimas posibilidades). Y desde luego, no tener ningún tipo de contacto sexual, si tengo un brote. Y 50% más de posibilidades que una persona normal, de contraer VIH, por ser ahora más sensible, a padecer cualquier otra ETS.

ets

Queremos publicar esta vivencia a modo de diario, ya que al parecer es algo muy común en Estados Unidos, y que yo completamente desconocía. Como desconocía también que alguien pudiera contagiarse, sin que la otra persona, tuviera ningún tipo de infección aparente.

Sólo espereramos que haya más solidaridad entre unas personas y otras. Y que cualquier chica, o mujer, se atreva a denunciar cualquier tipo de abuso al que se haya visto sometida. Que no pasemos por alto abusos o indiscriminaciones a los que parece que nos hemos acostumbrado.

Queremos animaros a TODAS, a que denunciéis este tipo de comportamientos.

Dejamos una cuenta de correo electrónico, al que podéis mandar cualquiera de vuestras malas experiencias, para denunciarla públicamente en forma de diario anónimo como este, o simplemente para desahogaros. 

mail-2 celia@madgirlsmagazine.com

¡¡NO ESTÁIS SOLAS!!.

Y desde este medio queremos que seáis conscientes de ello.

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