Dear Diary: atea del amor

Dear Diary, October 22, 2016:

Aaaay queridas amigas, ¡cuánto daño ha hecho la película Antes del amanecer!, junto con la alteración de las hormonas, el viajar sola durante 10 días, los años sin una “cita”, y mezclarlo todo, agitándolo bien, en un poderoso cóctel sin alcohol en el que paseas con un chico americano por las calles de Milán y sus bonitos canales, en tu último día de viaje, y acaba acompañándote hasta la estación.

Aunque me cueste reconocerlo, en el fondo siempre he sido una romántica, porque si no de qué iba a llevar de marca páginas un billete sencillo del metro de Milán, con un nombre y una fecha escrita en la parte trasera como recuerdo. Un trozo de papel que sólo ocupa espacio, y al mes se convertirá en otro papelillo más, completamente inservible que voy guardando, alimentando así mi síndrome de Diógenes, junto con ese cinturón blanco con 4 filas de tachuelas, los zapatos rojos de chúpame la punta, o todos los nombres de varones que ocupan espacio en la memoria de mi listín telefónico del móvil y siempre se apellidan Vía, o Wurli; y guardo “por si acaso”.

Como soy de llevar hasta el extremo el “si tú me dices ven lo dejo todo”, y tengo una infinita imaginación hiperdesarrollada, a base de jugar sola con mi Bratz Sasha durante años, ya podía ver un futuro prometedor como incansables viajeros enamorados, y largas cenas con amigos de todas partes del mundo en diferentes ciudades que íbamos visitando, en las que bebíamos vino, y contábamos anécdotas riéndonos a carcajadas, alternando distintos idiomas, y en las que yo era protagonista, haciendo pausas dramáticas para expulsar el humo de mi cigarro.

Así que sin saber si me gustaba, estaba aburrida y quería vivir aventuras, o simplemente porque al cerrar los ojos recordaba su cara como la de Mike de Stranger Things, y me hacía sentir bien tenerlo cerca, me depilé a conciencia, y me pillé un Ave a Barcelona, más emocionada aún cuando dijo que vendría a buscarme a la estación.

Pero no vino por resaca, y el romántico plan de pasear por el Parque Güell y el barrio gótico se fue a la mierda al instante. A la mañana siguiente se iba, y la noche la pasó con un amigo suyo que hacía tiempo no veía. ¡Todo salió perfecto!

La historia no podía acabar ahí, porque no sería lo suficientemente ridícula como para formar parte de mi vida. Pues bien, dada mi imaginación desbordante, pensé que en algún momento se arrepentiría, y me escribiría un larguísimo privado pidiéndome perdón por no haber aprovechado el tiempo con una tía tan increíble como yo, e invitándome a acompañarle a su viaje por el Sur. Mira si es puta la vida, que justo al encender el ordenador tenía una notificación pendiente suya, pero CLARO  que no era un privado, sino una brillante invitación para utilizar la aplicación de Badoo para Facebook. Al principio me costó ubicar ese nombre hasta que recordé esta canción:

 

A pesar de mi imaginación mis neuronas no están lo suficientemente en forma para poder explicar este giro inesperado y brutal de la historia. Pero si buscas la palabra loser en Wikipedia aparece mi cara, en fotos de carné de distintos años, y un apartado extenso con enlaces de archivo y bibliografía que constatan la veracidad de la afirmación.

Así que querida amiga Tauro, si no te atreves a hacer locuras porque el cine te ha hecho creer en el amor, piensa que por muy ridícula que parezcas, ya estuve allí antes. Que me escapé a Almería por un amor de verano con el que no me había dado ni un beso, cuando él solo quería echar un polvo y yo todavía era virgen. Que perdí la virginidad con un eyaculador precoz completamente insolidario, y que el último chico que me gustó, con el que podía echar unos polvos increíbles, y comer doritos y pizza, en pelotas, mientras bebíamos una litrona a medias en la cocina, uniendo así 4 de mis cosas favoritas en este mundo, se agobió y salió corriendo sin dejar rastro, por ofrecerme a llevarle una pastilla de Fortasec para que se le cortara la diarrea y no se muriera de deshidratación, por culpa de un virus horrible que estaba pasando.

Siempre es mejor reírse de lo ridícula que fuiste, que quedarte con el video imaginario a cámara lenta de lo que podría haber sido. Y siempre podrás condensar todo tu conocimiento para publicar un libro, que sólo entienda y divierta a chicas adolescentes con problemas de sobrepeso, o ex adolescentes que crecieron merendando sándwiches de Nocilla sin bordes viendo Rebelde Way en Localia televisión.

Y sobre todo, siempre podrás seguir mejorando. Si con 16 te fuiste a Almería por un tío que sólo quería un polvo, a los 25 podrás irte a Barcelona por otro que sólo te quiere como profesora en prácticas de español, y quién sabe, quizá a los 35 acabes casada con un australiano homosexual al otro lado del planeta ¡sin saberlo! ¡La aventura no ha hecho más que empezar!

PD: Querida amiga, si tú también te sientes ridícula, escríbeme, de verdad, de todo corazón. Aquí tenéis una amiga con la que poder ver Bridjet Jones, y salir a beber cerveza mientras nos la suda todo y fingimos estar por encima del bien y del mal. Ojalá seamos muchas y podamos abrir la sección consultorio,  con la que reírnos a carcajadas mientras escupimos chocolate y helado.

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ceeterisparibus

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