Cómo nos afecta el síndrome de la impostora

Mucha gente nos pregunta qué es Mad Girls, pero muchísima más gente nos pregunta cómo empezó Mad Girls. Pues bien, Mad Girls surgió en un piso de la calle Fuencarral porque Elvira Viedma (fotógrafa afincada en París en este momento) y yo (Mimí, afincada en Madrid 4ever) queríamos entrar gratis a conciertos. Suena más frívolo de lo que en realidad es. Me voy a explicar mejor. Elvira llevaba muchos años haciendo fotos, y yo tenía una Olympus de mi madre que llevaba un par de meses utilizando. Siempre que íbamos a conciertos nos gastábamos dinero en carretes, revelado y en la entrada y sinceramente, con nuestros sueldos de prácticas o trabajos a media jornada era algo insostenible. Como Elvira era (y es) una maravillosa fotógrafa pensamos en crear un blog o un Tumblr donde poner las fotos. Le pedimos ayuda a Celia Novillo (afincada en Melbourne), y ella le dio forma a Mad Girls a través de una web. Se nos acabó yendo la idea de las manos y nos convertimos en un medio de comunicación sobre música y cultura emergente. Se unió Virginia (afincada en Melbourne en este momento) al equipo.

Nosotras cuando éramos unas amigas felices y juntas en Mad Girls

Montamos los primeros conciertos (gracias a nuestras amigas que nos ayudaron hasta vendiendo merchan) a bandas a las que luego les acabó yendo muy bien, fuimos de las primeras en hacerles entrevistas a mil grupos que nos molaban y desde siempre, aunque con nuestros errores y aprendizajes, le pusimos perspectiva de género a la mayoría de cosas que hacíamos. Creo que mucha gente a nivel personal nos reconoció nuestro mérito pero jamás se nos ofreció un trabajo en el mundo de la industria musical, jamás se nos reconoció lo que hacíamos por parte de la gente que admirábamos y muy pocas veces personas de la industria de la música nos han dicho: «enhorabuena por vuestro proyecto, chicas».  Este artículo no es un lamento, ni una queja, simplemente es la realidad. Eso ha pasado todos estos años. 4 años cumplimos este mes ¡y en cuarentena! Nada de cuarto aniversario. 

Nosotras llorando por no poder celebrar nuestro aniversario

El caso es que, no sé si por no haber tenido reconocimiento más allá del que nos hacían nuestras amigas y gente más cercana (bandas como Bum Motion Club entre muchas otras siempre nos han apoyado y abrazado y dado la enhorabuena 30 veces cuando montábamos algo), nuestra autoestima se acabó viniendo abajo. No nos malinterpretéis, agradecemos de verdad todas las muestras de apoyo y cariño de personas que han venido a nuestros conciertos y nuestros amigos, pero el no recibir ayuda económica o apoyo a través de redes sociales de instituciones públicas, medios de comunicación más grandes, o de sellos y demás momias de la industria musical alternativa de nuestro país, hizo que nos planteásemos: «¿somos buenas de verdad? ¿lo que hacemos está bien?». 

Si tuviéramos las habilidades de esta niña no pensaríamos que somos impostoras

Hablando de este tema con mujeres profesionales que nos rodean, nos hemos dado cuenta del machismo que sigue habiendo hoy en día en la industria musical, cómo el trabajo que hacemos las mujeres se acaba considerando trabajo para un público femenino y cómo nuestro trabajo sí valía y cómo tenemos que estar orgullosas de nosotras mismas porque, sin ninguna formación, conseguimos crear un medio de comunicación entretenido, divertido y que ha dado visibilidad a muchas bandas emergentes. Estamos contentas, pero no siempre lo hemos estado, todavía hay días en los que nos sentimos unas impostoras. ¿Quiénes somos nosotras para creer que nuestro medio está bien? ¿Quiénes somos nosotras para hablar de ciertos temas? ¿Qué nos creemos? son preguntas que rondan nuestra cabeza muchos días.

Nosotras a nosotras mismas

Desde que Ana Marín (la última de las Mad Girls) y yo dirigimos ‘Las mañanitas’ nuestro programa en La Maldita Radio, cada vez que tenemos que grabar un programa nos entra la ansiedad y el síndrome de la impostora. Pensamos que no tenemos potestad para hablar de ciertos temas  o nos da vergüenza que al escucharnos la gente piensa que quién coño somos para hablar así. Todos los programas los preparamos durante horas, hacemos un guion sin tener ni idea de guion, tenemos el apoyo de los chicos de la radio que nos felicitan por muchos programas y que se ríen y disfrutan con nosotras (te queremos Carlos) pero nunca nos sentimos del todo satisfechas, siempre pensamos que hay algo que estamos haciendo mal simplemente por el hecho de hablar y de ocupar un espacio público. Nos sentimos un fraude y nos sentimos poco preparadas cada semana para hacer algo así. 

Nuestra sensación cuando escuchamos nuestros programas

 

Esto es lo que se llama síndrome de la impostora. Un síndrome por el cual una mujer no tiene confianza ni autoestima a la hora de desarrollar un puesto profesional especialmente si es en un ambiente tradicionalmente masculino como (lo siento mucho por decirlo, muchos ofendiditos se molestarán) lo es la industria musical. Este síndrome hace que nos esforcemos más, que trabajemos más intentando demostrar nuestra valía, generándonos estrés y ansiedad a muchas mujeres. Esto nos ocurre más a nosotras por el hecho de vivir en una sociedad patriarcal, pero también puede pasarle a familias en las que solo hay un padre o una madre o familias homoparentales, intentando demostrar que son válidos para el rol de padres y demostrando que sus hijos están perfectamente educados. 

El caso es que a nosotras nos afecta como os hemos contado en estas líneas. Muchas veces hemos tirado la toalla: hemos dejado de escribir, de hacer playlists, de pinchar. No montamos conciertos porque es imposible sostenerlos económicamente y porque sentíamos que lo estábamos haciendo cada vez peor cuando, posiblemente, fuese al contrario. El caso es que nosotras hemos estado mucho tiempo de lucha interna, viviendo con ansiedad y pensando que lo que hacíamos no valía nada pero estamos hartas de vivir así y con este artículo queremos decirle a nuestras compañeras periodistas, fotógrafas, músicas, dj’s, selectoras, promotoras: lo que hacéis es genial,  vuestros proyectos tienen que existir, tenéis todo el derecho del mundo a hacer lo que os dé la gana y a colonizar el espacio público con vuestra voz, con vuestras palabras, con vuestra música o con lo que te salga. Sigamos saliendo de casa (en estos días figurativamente, no literal) y reclamando un mérito y un lugar que también nos pertenece. 

¡Ánimo compañeras!

Escrito por: Mimí Granizo

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